lunes, agosto 09, 2010

Kit de supervivencia.

Sentado en el vagón del tren, dirigiéndose hacia su destino de vacaciones, le invadió el desasosiego: La majestuosidad del paisaje que contemplaba a través de la ventana le hacía sentirse insignificante. Imaginaba adormecido esas montañas abalanzándose sobre el tren y la verdad es que, acribilladas como estaban por autovías, vías de tren, cableados, edificaciones, etc... le parecía que tenían motivos suficientes para atacarle. Le tranquilizaba que, en principio, eran más nobles que su mezquina especie, no siendo muy propensas a la venganza y el rencor, pero no... esto no le calmaba lo suficiente. La verdad es que necesitaba mirar su maletita.
-No lo hagas, detente! contrólate; tienes que aprender a vivir con esto-
...pero sus piernas ignoraron tan apaciguadores pensamientos incorporándole; sus manos, traidoras también, se extendieron hacia la preciada pretenencia, ásiendola con rápidez y fuerza.
Se sentó de forma brusca, con las mejillas al rojo vivo y los ojos brillantes e inquietos y, respirando profundamente, la abrió un poquito, una rendijita nada más: ahí estaba esa maqueta de una montaña, esa montaña, completamente a su disposición y en su poder. La abrazó.
Al revisor le dio pena despertarle cuando llegaron a su destino, el final del trayecto: Dormía tan plácidamente y con esa sonrisita beatificando su rostro...
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la maleta gladiator, me la dio mi tía, la encontró en un contenedor de debajo de mi casa. En uno de los bolsillos había un jaboncito que olía a años 70.
Como quedé muy agradecida me acuerdo que le conté una historia:
Tienes que ayudarme. soy alcohólico, viejo...- mientras decía estas palabras, ella se metió sin pensarlo las manos en los bolsillos y le sorprendió que estuviesen llenos de tierra, no supo que hacer, pensó en darle un puñado a aquel hombre, pero no había tierra; Fue una sensación pasajera, aunque el sabor a remolacha no le abandonó en toda la noche.