jueves, febrero 10, 2011

somos el tiempo que nos queda*

Llegó a casa derrengado, tenía la mente en blanco. Otros días sentía que era como Marco Antonio volviendo victorioso de otra batalla en la Galia, un buzo emergiendo después de alguna expedición en una misteriosa sima,o un mono deslizandose triunfal por la palmera después de haber matado a cocazos a una pareja de turistas, pero hoy no estaba para epicismos. Se sumergió en la cama. 
Al par de horas se despertó, tenía la boca muy seca, le sabía a tierra. Alargó el brazo hacia la mesilla, pero no había dejado allí ningún vaso. Que pereza, no le apetecía nada levantarse. Buscó un chicle en los bolsillos, pero sólo había tierra. Encendió la luz asustado. Todo estaba lleno se arena, era un desierto. Al fondo vió, muy lejos, un oasis. Después de horas caminando, se dió cuenta de que estaba siempre a la misma distancia.

*José Manuel Caballero.